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Corazón de mariposa.

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Es atronador, imperioso, hasta casi doloro... Lo que me provoca leer sus escritos es una especie de estado febril, mezcla de placer y ansía por leer aún más, que me quita la poca cordura que aun no ha abandonado mi mente. Se hace sentir, se hace desear, ¿Así de hermoso escribirán los autores que recomienda? ¿Serán así de adictivos? Esta sensación es la misma de cuando pruebo un dulce nuevo y no puedo dejar de comerlo, pero con más goce, más disfrute. Se trata de un híbrido entre el regocijo carnal y el mental, ¿Cómo me puede producir tanto placer leer algo que ni siquiera es erótico? Quiero más, siento como si gimiera por más, aunque este cansada, aunque mi cuerpo no reaccione, mi mente gime suplicante por más. Leerlo me recuerda las ocasiones en que de su boca salieron frases dignas de ser escritas, tan maravillosas y halagadoras que no puedo recordarlas con exactitud, pero si puedo sentir su magia. Escucharlo hablar luego de dejarlo pensar un largo rato es como leer un libro... Te seduce sin más. Me estremezco de solo pensarlo...

Sin embargo, a veces me siento ingenua. Yo soy la que esta en desventaja, la ignorante que ve en él al maestro capaz de adoctrinarla con dura disciplina para llegar a ser tanto como el propio mentor. Soy yo la que le ruega comparta su conocimiento, la que le implora que le enseñe más y que suplica por sus lecciones. Imagino esto como si estuviera atada, las muñecas fuertemente sujetadas con una soga, y dijera con vehemencia que por favor me diera más placer, más conocimiento, más de sí. Ese hombre podría hacer de mi lo que quisiera y yo lo dejaría, basta con que abra la boca y comience a hablar para que le deje hacer a gusto sobre mi. Es un pecado mi posición, faltaría que él reconociera su lugar, superior al mio, para que la escena se completará. Los juegos son sencillos, un castigo por cada detalle importante sobre sus lecciones que no recuerde y un premio por cada acierto logrado. Las llamas me consumen mientras escribo...

Es curioso cómo alguien puede conquistarme tanto y de una manera tan diferente. En estos momentos me encuentro acostada, recordando situaciones, reviviendo momentos juntos. Siempre supe que ese hombre tiene un aire de superioridad inexplicable para mi, que la forma de verme desde arriba por sobre el marco de sus anteojos, o sin ellos, posee una magia, una magnanimidad increíble. No hay qué hacerle, mi condición de ser inferior es evidente... Y me encanta, quiero que me ilumine, que me muestre el camino. Es la primera vez que me gusta sentirme inferior, en desventaja, desprotegida, vulnerable. Quizá porqué él es un ser que amerita reconocimiento o quizá porqué es el único del que he querido aprender tan profundos conocimientos, quién sabe. Devota y sumisa acepto su entrenamiento, confió ciegamente en él. Incluso si me pide que salté al vacío, lo haré. 

Estoy completamente consciente de que es humano. Lo sé por el calor de sus manos al tomar las mías furtivamente en la librería o por la ternura con la que de vez en cuando me observa. Su mirada es un misterio para mi, adoro el color miel de sus ojos, la profundidad con que escruta todo y la timidez que es capaz de llagar a sentir. Estoy segura de que habrá hecho gala de sus conocimientos en más de una ocasión con el único fin de pavonearse de estos, pero conmigo nunca lo ha hecho. Nunca me ha tratado mal ni me ha dicho que soy una ignorante, tan solo me ha acariciado suavemente y ha repetido entre susurros "Eres pequeña, como Cooper", lo cual siempre me hace estremecer. Hay algo en la manera en que me mira, en que sonríe, al decirme que soy " pequeña", que me llena de ternura. Además, nunca pensé que pudiera ser tan dulce. La primera vez que le vi lo sentí áspero, incluso después, conforme avanzaba el tiempo, lo seguía sintiendo así. Cuando una lo ve en persona, alto e indiferente a lo que lo rodea, imagina que se trata de un seductor de primera, que no duda al dar un paso, alguien decidido, incapaz de avergonzarse. Pero no, es todo lo contrario. Es un hombre tan hermoso, tan sensible... 

Recuerdo muy bien la vergüenza que sentí el día en que use una camisa y un jardinerito para ir a trabajar, me vestí linda para una ocasión importante y nunca imaginé que alguien más lo notara. Pero él lo notó y fue evidente, el momento exacto en que al darse la vuelta dejó de decir súbitamente mi nombre para admirarme sin disimulo, quebró todo dentro de mi. Quería salir corriendo, sentía mucha vergüenza, no quería que mirara mis curvas ni mi ropa, no quería que me viera... Pero él igual lo hizo y aunque disimulé bastante bien mi sonrojo, el resto del día tuve que dedicarme a olvidar el episodio. Justo cuando creí que todo había quedado atrás, él me miro serio e hizo un comentario inesperado. 

"Me gusta tu enterito, me gusta como te queda. Es bastante de los 90', aunque con más color."

Esperaba que mi cara no se hubiera puesto roja, mientras agradecía sin más. Hasta ese momento él seguía pareciendo la persona segura de sí misma que dejaba ver. No fue sino hasta más adelante que note los pequeños detalles que lo hacían adorable. 

En otra ocasión me preparó una sorpresa. Era una tarde nublada, hacia frío y el día parecía ir de mal en peor para mi, de modo que cuando le toco salir a comer, probablemente pensó que sería bueno sorprenderme con algo. Al volver, me advirtió de manera divertida sobre esto.

"Hay algo para vos en la librería", largó de golpe.

" ¿Ah si? ¿Llego algún libro lindo para mi?", respondí intrigada.

"No, vas a tener que averiguar de qué se trata vos sola", sentenció.

Me hizo buscar mi regalo por la librería toda la tarde, hasta que adivine que se encontraba en el patio, lugar perfecto para sentarme a leer en mi descanso. Una rosa majestuosa se erguía radiante y solitaria sobre una taza con agua. El corazón me dio un giro, no esperaba eso. Era lo más hermoso que alguien me había dado en mucho tiempo y no por el romanticismo, sino por el gesto. 

" ¿Me regalaste una rosa?", corrí a preguntarle incrédula. 

Una sonrisa se le dibujo en la cara, mezcla de complacencia y timidez, no objetó palabra. Parecía como si intentara salir corriendo de dónde estaba, cerca de mi, para evitar responderme esa pregunta. Fue vergüenza, lo supe en ese instante, tal vez lo había hecho sin pensar demasiado y en ese momento caía en la cuenta de su acción. Cualquiera fuera el motivo, confesó habermela dado ya que pensó en mi y quiso darme un obsequio. 

Ese día transcurrió entre interrogantes de mi parte, aún seguía impactada, y jugueteos sutiles. No fue esta la única pista de su timidez, le siguieron varias. Como la vez en que escribí en cursiva en un papel para que descifre mi letra "Me gustan las mentes inquietas, esas que no se conforman con nada" y se rió alejándose nuevamente. O incluso la ocasión en que de la nada me tilde mirándolo para derivar en un comentario en el aire sobre su preciosa mirada.

"Me gustan tus ojos", solté sin más y él volvió a sonreír, alejándose un poco y tapándose la boca incrédulo.

"Eso puede ser tomado como un tremendo piropo", objetó entre risas.

"Bueno, tomalo como un halago. Me encantan", continúe. Sonrió en silencio, me tomó por los brazos y alejó de las cámaras para darme un beso tímido en la mejilla. Gesto que me hizo explotar, me sentí una adolescente de nuevo. Estaba entre incrédula, avergonzada e impactada. Eramos unos niños aprendiendo a querernos, torpes, ingenuos y, al menos en mi caso, hasta inocentes por momentos. Nuestra relación es algo accidentada, porque yo soy muy torpe y él me cuida mucho. Extraño trabajar nueve horas a su lado, llegar con una sonrisa de oreja a oreja porque voy a pasar mi día entero con él. Era tan feliz, tan afortunada, tenia mi propio pedacito de cielo en ese mágico lugar que conectaba mi pasado, presente y futuro: la librería. 

Mi mentor es un humano, un humano muy hermoso que se ha adueñado de mis pensamientos y que me quita el sueño. Se trata de alguien que me hace sentir amor y devoción, todo al mismo tiempo. Es una persona increíble, magnánima, casi irreal y por suerte, no vive en mis sueños.

 

 

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