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Mis miedos.

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Toda mi vida he actuado como si fuera valiente, pero la pura verdad es que soy una cobarde. Temo a cosas tan pequeñas e insignificantes que cualquiera se reiría.

 Siempre he viajado sola desde adolescente, pero ultimamente he ampliado mis horizontes y mas especificamente he recorrido sola lugares peligrosos de noche. ¿A quién quiero engañar? Cualquier lugar de noche es peligroso para una persona o dos, incluso tres dependiendo la zona, y más siendo mujer. Nadie nunca lo sabra, ni tienen porque, pero el tener que ver de un lado a otro para asegurarme de que sea seguro y trazar mentalmente planes de que podria hacer si algo sucediese, me da miedo. La idea de que puedan quitarme mis cosas, de que puedan sacarme el bolso donde guardo cosas tan triviales, pero infaltables, como los apuntes de la facultad, o el dinero por el que con tanto esfuerzo trabajo siempre. Nada de eso vale mi vida, pero su perdida si que causaría un gran desconsuelo en mi. Asi que me cuido casi neurotícamente, escondiendome bajo una capa de normalidad y locura, yendo de todos modos por lugares de noche sola, calculando posibilidades, mejores y más seguras rutas hacia mi destino. Es asi como he logrado desmentir varias teorias y corroborar la inseguridad de varios lugares, además de gozar de un alto grado de suerte cuando todo parece estar en mi contra.

Temo a la oscuridad. Desde que tengo memoria he temido a adentrarme en ella, perderme y que cosas horrendas me encuentren. Imagina que una mano fría, mortuoria, te roza alguna parte del cuerpo para atraerte hacía ella, o incluso solo para molestarte... De tan solo pensarlo, puedo sentirlo, puedo recordar la frialdad de sus largos y afilados dedos con uñas extrañas, desconocidas, tomando mis muñecas y marcandolas. Puedo recoradar... Puedo recordar. Pero no todo, recuerdo a mi consorte sobre mi diciéndome que era mas fuerte que eso que me sucedia y luego durmiendo sobre mi, impidiendome salir y dejandome una rodilla al descubierto. Recuerdo ver a la cosa merodear cerca por las paredes, primero sin verme, luego observándome con hambre. Se muy bien que le ordene que se fuera del cuarto, que nos abandonara, y que ella así habia comenzado a hacer, hasta que mencione a Dios en el asunto. Ella, de pelo largo, enrulado y enredado con hojas y moho, con una corona de flores marchitas en su cabeza, piel blanca como la cal, por momentos vioalecéa mortuoria, se volteo bruscamente, se me rio en la cara y se acerco mostrando como podía tocarme igual la rodilla. Grite, le ordene que me dejara en paz, quise quitarme a mi consorte de encima, pero no pude y la cosa seguía tocandome... Gritaba y ella tan solo reía traviesamente. Me desafió, desafió mi falsa creencia, y además me gano. 

Me dan miedo los muertos, los espíritus y las bajas vibras, pero mas miedo me da la muerte. Solo dire que he tenido muy malas experiencias. Los muertos me dañan, los espíritus absorven mi energía, las malas vibras me hacen sentir pésima. Y ni que hablar de la muerte, que violenta, completamente arrebatora, ha quitado de mi vida las mejores cosas que me sucedieron. Esta ha dejado en lugar de mi alma, un agujero sin fondo, que tenido que volver a llenar de escencia, más bien, he tenido que reunir los fragmentos de mi misma a traves del tiempo... ¿Cómo no temerle si me ha hecho trizas en varias ocasiones? Me estremece solo pensarlo.

Me da miedo la responsabilidad en una pareja, me da miedo atarme a alguien, me da miedo estar de verdad con una persona. Porque aunque no lo parezca, o quizá si, en el fondo soy tan fragil y sencible... Es tan fácil romperme, como prohibirme ver a la persona que amo, o que esta haga una señal de rechazo hacia mi. Basta con un gesto despectivo, o que mi amor no sea correspondido, para que me rompa en pedazos. Sufro demasiado por pequeñeces, luego me endurezco y un dia al despertar me doy cuenta que de a poco esa persona deja de importarme, pero sé que ya no hay modo de revertir el proceso, porque una vez que soy conciente, no hay modo de volver atrás.

Cuando me enamoro, me transformo en alguien completamente servicial y complaciente, esa persona ocupa mi mente a cada segundo, haciendo que piense en mimarla, en todos los sentidos posibles. Si le gusta lo dulce, con dulce, si le gusta un libro, con ese libro, con lo qué sea y cómo sea. Necesito estar ahí para ella y demostrarle cuanto la amo, cuanto puedo darle infita e incodicionalmente. Necesito que sepa que es una extensión de mi ser para mi, que entienda que no es que sin ella no respiro, si no que simplmente no quiero. Más mi mayor placer es hacerla feliz, verla feliz. Desde el fondo de mi alma necesito que esa persona sepa que seré lo que deba por ella, una guerrera, un escucha comprensivo, una chica fuerte, una mujer osada, lo que necesite. Ella debe poder sentir mi paz y alegría, mi tranquilidad de saber que la tengo al lado, debe estar segura conmigo y no sentirse sola, si no acompañada. Cuando llore en mis brazos hallará el lugar perfecto para un consuelo, mas en mis palabras las caricias de mi alma. Pero amar asi, tan incondicionalmente, tan sobrecogedoramente, no resulta fácil. Porque, justamente, otro de mis miedos es sentir. Temo a dejar a entrar alguien en mi, debido a que una vez que empiezo a sentir todo esto, me pierdo en ese amor. Es decir, mis metas y sueños siguen existiendo sí, pero acoplo todos mis planes a esa persona, para que entienda que le pertenezco y que soy sola y unicamente para ella. Curiosamente solo me sentí así una vez... Nada salio bien en esa ocasión, el resultado fue el miedo a sentir que aún no he podido quitarme del todo. Anyway, dudo que vuelva a amar a así, un amor con tal entrega no me es grato ni bienvenido. Soy egoista, me quiero para mi.

Ya no le temo a la soledad, es más, me agrada, por el contrario, le temo a la mala compañia.

Le temo a ser una mala madre. En fondo todos temen ser malos padres.

Y, el último miedo que recuerdo, es el no poder cuidar de mis seres queridos.

Toda mi vida me he rehusado a aceptar estas simples verdades de mi ser, pero ahora que las reconozco, debo decir que me siento mas fuerte y poderosa para seguir afrontandolas como siempre. Despues de todo, no se trata de ser cobarde o valiente, si no de enfrentar tus miedos y salir victorioso de ello.  

 

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